Desde chicos nos dicen que no hay que tener miedo, que ser grande es dejar al miedo afuera.
Pero con el tiempo, y después de muchos pero muchos golpes, comprendemos que el miedo es lo que nos hace reaccionar, lo que nos mantiene alerta; es ese compañero con el que tenemos que aprender a convivir para mantenerlo controlado, no dejarlo suelto para que se convierta en un enorme monstruo verde que aparece en los momentos más inoportunos mostrando todas nuestras inseguridades, ni tampoco hacer de cuenta que no existe porque cuando se haga visible lo va a hacer con todo el poder son piedad.
Debemos amigarnos con nuestros miedos, llevarlos de la mano a donde vayamos y hacer todo lo que queremos a pesar de ellos -y con ellos- porque nunca van a desaparecer, si pueden cambiar, pero siempre habrá un miedo nuevo que nos va a acompañar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario